sábado, 11 de junio de 2016

Creo

Yo que me deshago cada día un poco más y no tengo ni la más mínima idea,
creo en la nube que tapa el sol.
En tu sonrisa congelada pegada a mi retina.
En el mensaje que desordena mis preocupaciones.
En la infinita posibilidad de lo imposible.
En una escalera que no hay que subir porque a la mitad  encuentras lo que buscas.
En ir sola al cine.
En huir sin salir de casa.
En las trampas revoltosas que esconden las miradas.
En el tiempo que evapora lágrimas.
En el sueño que espabila la sangre.
En caminar para descansar.
En bañarse a oscuras.
En ventanas como lunares en la noche.
En bailar hasta salpicar felicidad.
En juramentos de saliva y collares de pestañas.
En tus huellas enamoradas de mis pies.
En echarte de menos sin haberte tenido.
Y en el amor que parece sexo para que nunca dejemos de creer.


lunes, 27 de mayo de 2013

Un lunes de mayo





Esperar un mail. Refrescar la página cada cinco minutos. Leer estados de adultos que son propios de niños de 12 años con mentalidad de 6. Ver que las noticias sí pueden ser peores que las de ayer. Volver a sentir la impotencia alimentada por la estanqueidad de las cosas. Saber al ser humano cada día más idiota. Oír de fondo la última película de José Sacristán y María Valverde para soportarlo. Desear que la vida sea una buena y larga conversación. Sentir como, sin avisar, vuelven sensaciones no muy agradables que tenías cuando eras otra persona, hace algunos años. Querer ser como la gente que llena tu muro de tontás y es súpermegafeliz. Notar que todo es un sueño demasiado real, hasta más que los que te agotan por la noche. Desear contar mi vida, la de verdad. Incluso querer saber la vuestra, la de verdad. Dificultar todo cabreándome conmigo porque no me parezco a nadie. Pensar que estoy caminando hacia el agua de la playa en que nací. La playa más bonita del mundo. Escupir alguna frase que nació para ser trascendental y que nadie se dé cuenta. Ensimismarme a gusto. Intentar zafarme de la nostalgia envenenada que moja de golpe los cristales. Caer en la cuenta de que es como si hubiera vivido 100 años. Que a ti no te pase lo mismo. Darme la vuelta como la ropa para poder seguir con un mínimo de dignidad. Ponerme en el lugar de los demás desde que tengo uso de razón, para entender que si no lo hacen también ellos pues no te creas que vale de mucho. Aceptar que el planeta esté sobrepoblado, de bobos mayormente. Comerme una gelatina. Analizar morfológicamente la adolescencia para sobrevivirla con éxito. Saber que estoy completamente loca porque voy a tener otro hijo y soy feliz. Vivir conmigo todos los días y haber llegado hasta aquí. Que me importe poco lo que os pasa y menos lo que pensáis. 
Y ahora ya, segura totalmente de conocerte de otras vidas, soñar con terminar esta dentro de muchos años, sentada a tu lado besándote muy despacio mientras te respiro.


                                                                          Carol

viernes, 10 de mayo de 2013

Yo he abortado.

¿Saben cual es la forma infalible para controlar a una persona?

Controlar su cuerpo.
Decidir lo que se hace con su cuerpo.

Sí, decidirlo tú, y yo, y ellos.
Menos "esa" persona lo decidimos todos.
De paso le condicionamos la vida, se la cambiamos a nuestro antojo. Radicalmente. Que nunca vuelva a ser NADA como es ahora.
¿Que no está preparada?
Pues haberlo estado, se siente.
Y ¿a nosotros qué nos importa? NO es nuestro problema.
Ahora la controlamos, decidimos por ella. Mañana la olvidamos y a otra cosa, mariposa.

Pero a ver, se preguntarán ¿qué diantres hizo esa persona para que le pase esto?
Facilito: ser mujer.
Sí, porque a los hombres nadie les decide su vida.
A ver, para aclarar el tema que estamos tocando, ¿A cuántos hombres conocen que no se han puesto condón alguna vez?
¿Que han dicho "es sólo un momentito y ya, no pasa nada"?
¿A cuántos que en alguna fiesta han tenido un lío y no se acuerdan con detalle o se arrepienten al día siguiente?
Y seguro que conocen a más de uno al que se le ha roto un preservativo...

Podríamos controlarlos pero... ohhhhhhh, no nos valen... no nos sirven para EMBARAZARLOS a todos por decreto ley, hacerlos padres a la fuerza, responsables PARA TODA LA VIDA de esa criatura, contando o no con familia, contando o no con pareja, contando o no con dinero y/o trabajo, que van a ver reducido, cuando no perdido.

Pues no, ohhhhhhh (otra vez), no se puede hacer esto con los hombres, ni tan siquiera con los curas, a los que les encanta controlar el cuerpo de las mujeres desde tiempos inmemoriales. Antaño pasaban del control a la hoguera con pasmosa facilidad. Ahora se cortan un poquito en el tema fuego. Y van de modernitos con internet y las redes sociales: Tuitean "Esta es la juventud del Papa"
Esas niñas y esos niños de papá opinando, sí señor, opinando, si tú o yo, debemos abortar o no.
Como si yo opinara en algún momento sobre los 9 hijos que ell@s quisieran tener. A mi qué más me da si ell@s se puede permitir, no una, dos chachas que se los cuiden y críen. Ole por ell@s y por sus chachas. (Es en serio, que sí, ole)

Estos autodenominados "defensores de la vida" ¿¿?? hablan como si abortar fuera tomarse un aperitivo, como si una desde el momento de tener relaciones sexuales ya pensara en el "maravilloso" momento del retraso, seguido por el susto, el no puedo, y acabado en alguna clínica u hospital acompañada o no. Con apoyo o no. Sintiéndote mal, sola, culpable, aunque no quieras, aunque sepas que tienes la misma culpa que la otra parte participante. Pero qué manía, que no, ya lo hemos dicho: ÉL NO NOS VALE. En ese momento igual está viendo la tele. En el caso más deseable al lado sentado dando ánimos y apretando la mano.

El aborto no es fácil. El aborto es una mierda. Yo he abortado. Muchas de las mujeres que están leyendo esto también lo han hecho. Amigas, madres, hermanas, novias, amantes, hijas de los que están leyendo esto también lo han hecho.
Desde los 15 a los 45 años. Casadas o no. Sin estudios o con carrera. Sin dinero o independientes.
Con hijos o sin ellos. Compartiéndolo o en el más absoluto silencio.
Muchas más de las que piensas, han cometido un error, de fecha, de encuentro, de anticonceptivo, de noche, de compañía, de lo que sea: un error.

Y no es humano que paguen por ello el resto de su vida sin haber planeado nada.
Sin tomar la decisión consciente, feliz y madura de tener un hijo con TODO lo que ello conlleva.

Traer criaturas al mundo porque otros lo deciden, no porque ellas, con pareja o solas, lo quieran con toda su alma.

Pero a lo que vamos, abortar es una mierda, sobretodo cuando un médico se te planta delante y te habla como si tuvieras diez años y se permite el lujo de juzgarte y cuestionar tus argumentos para optar a la interrupción del embarazo. Y te pregunta hasta la saciedad detalles de tu vida privada sin ahorrarse las miradas de aprobación o más bien todo lo contrario.
Como en el colegio.
Y te tienes que callar y poner cara de idiota porque de el informe de ese energúmeno depende que seas apta para un IVE (Interrupción voluntaria del embarazo) gratuito y en condiciones sanitarias óptimas.

Esto ocurrió con la ley de supuestos, acogiéndose al riesgo de la salud física o mental de la madre. Con la ley de plazos al menos el mal trago se alivia un poco no teniendo que dar explicaciones.
Porque mi vida es mía, mi cuerpo es mío y tener un hijo es una decisión demasiado grande y trascendental como para tomarla a la ligera y dejarla en manos de extraños que nada tienen que ver conmigo y no van a estar ahí cuando necesite algo.

Porque ya está bien de callarse, porque yo no me meto en la vida de nadie y no quiero que se metan en la mía. Porque no hay derecho a que en este momento haya mujeres asustadas, aterrorizadas en países donde aún abortar es delito, aunque la vida de la madre esté en juego ¡¡!!, pero se termina haciendo igual ya que la desesperación todo lo puede. Sólo que peligrando sus vidas en condiciones sanitarias escasas o nulas.

En fin, mujeres, son adultas con voz y voto, con opinión, con criterio propio, no se callen si han abortado, no tienen por qué y ayudarán a otras. Cuenten si conocen a otras mujeres que han tenido que abortar, compartan experiencias. No lo omitamos, no lo escondamos. Que no parezca que no lo hace nadie.

Yo lo hice en un momento de mi vida y no me arrepiento porque era la única decisión posible para mi en ese momento.
Como tampoco me arrepiento de haber tenido a mi hijo, al que estoy viendo ahora mismo desde la mesa donde escribo mientras se me cae la baba.
Ah, por cierto, ahora mismo estoy embarazada, inmensamente emabarazada y feliz. Consciente, preparada, disfrutando, compartiéndolo todo con mi pareja, llenita de ilusión y rodeada de montones de cariño.
Justo como creo que deberían de ser todos los embarazos: deseados y sin miedos.


*Añado que me parece terrorífico la cantidad de países en el mundo que no permiten el aborto en caso de malformación del feto o violación, aún permitiéndolo en otros supuestos. Terrorífico.


Situación jurídica del aborto en distintos países del mundo.
     No punible si la interrupción del embarazo se realiza antes de un plazo establecido.      No punible en casos de riesgo para la madre, violación, defectos en el feto o factores socioeconómicos.      No punible en casos de riesgo para la madre, violación o defectos en el feto.      No punible en casos de riesgo para la madre o violación.      No punible en casos de riesgo para la madre.      Punible sin excepciones.      Varía por región.      No hay información. Nota: En la mayoría de los países y supuestos citados, la intervención ha de efectuarse antes de plazos establecidos.


miércoles, 10 de abril de 2013

La yaya


Olía a café con leche condensada, a Joya de Myrurgia y a laca Elnett.

Puedo sentir con total realidad sus manos blanquísimas, como las mías, cogiendo mis manos pequeñas, como las suyas.

Ver su anillo ovalado de jade y el reloj dorado cuadrado con su cadena de eslabones pequeñitos en la muñeca.

La veo perfectamente. Mirándome con sus ojitos verdes brillantes, el pelo de peluquería castaño oscuro y su eternísima expresión de niña pequeña con su boquita de punto. Contándome que algo es "chiquinino", que fulano es un "lila de la casa'campo" o que esa chica está muy "finústica".
Cantando "Los nardos", "La violetera" o "Madrid", esta última despacio para que yo la copiara. Es que siempre me confundía con el estribillo.

Algunas veces la odié cuando tuvimos que combinar mi adolescencia, confusa y criminal como todas, con su resignadísima y lastrada madurez. 

Su matrimonio no fue fácil y perdió a un hijo.
La vi llorar demasiadas veces por las dos cosas.
Nadie hasta el día de hoy me ha partido tanto el corazón.
Por eso le perdonaba los cotilleos que no venían a cuento. Su desquiciante servilismo, que luego entendí como inercia.

Fue ejemplo de lo que no tenía que ser.
Y a la vez una mujer a la que vengar de manera inconsciente porque llevo mucho de ella.

Rota para siempre por la guerra civil, como toda su generación y algunas más, guardaba todo. Y cuando digo todo me refiero hasta el trocito de cuerda más insignificante, los tapones de todas las botellas, miles de botones desparejados en la caja de los hilos, la caja negra con motivos chinos del ColaCao, retalitos, alfileres, papeles de cualquier tipo...

Me enseñó que las plantas te ayudan y mucho, a ser feliz. Que la ironía lo hace todo un poco más soportable. El placer de un café después de comer. Que los pasatiempos te guían cuando te confunde el camino y a dar puntadas básicas en la vida de la ropa. 
Ahora que lo pienso me enseñó la pausa. A pararme en la vida para recuperar el aliento y poder seguir. Como hizo ella.

Menos mal que ya no está. Hace años que tiene Alzheimer. Los que conocemos esta enfermedad sabemos que es mejor que ya no estén. Que lo horrible es cuando se están dando cuenta de que se van. Quieres que pase todo rápido. Que se vayan ya, por favor, aunque no miren, aunque no hablen, aunque no sepas donde están. Al menos no lloran.

Me regaló unos segundos cuando ya no lo esperaba, hace casi dos años levantó la cabeza, me miró, sonrió y me dijo el "mi niña" más bonito que me han dicho jamás. Inmediatamente volvió a irse lejos pero a mi me hizo la nieta más feliz del universo.

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Ay, yayita, tenía esto guardado hace tiempo porque quería que te quedaras para siempre en la red esta que ni has llegado a conocer.
Y menos mal, porque si la hubieras conocido también hubieras visto que en la Gran Vía, ahora El Palacio de la Música es un H&M y otras barbaridades de la puta vida moderna, esa que va tan deprisa que lo destroza todo cuando pasa, sin tener en cuenta a las personas que están ahí. Esas que se quedan mirando perdidas y ya no encuentran nunca su sitio porque nada se parece a lo que conocían y ha ocurrido todo de repente, sin avisar, explotando, sin darles tiempo a reubicarse. Cambiando bailes y canciones por teclas y pantallas. Dejándonos desnudos de verbenas, de esas que tanto te gustaban.

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Ya te vas, por fin descansas.
El yayo me ha dicho que estabas preciosa, que habías abierto los ojos gracias a la paz de la morfina.

La distancia, como en tantas ocasiones, odiosa enemiga del consuelo y del abrazo.
El único consuelo me queda en la tripa. Muy cerca de las vísceras. Justo ahí, donde está la vida.

                                               
                                                                     Carolina

viernes, 8 de marzo de 2013

Eres libre, créetelo.

Un 8 de marzo más, cómo pasa el tiempo, vayapordios.

Cada año este día me da mucha rabia. Intento tomármelo con filosofía pero no puedo evitar pensar en ese mundo ideal donde no existiera ningún día que celebrara nada porque todos los días se celebra todo. Todos los días serían el día de las personas. Es mi peor defecto, el idealismo este que no me abandona. Lo bueno es que a estas alturas hasta le tengo cariño y no dejo que me afecte demasiado.

Hoy en concreto me ha dado por pensar en las mujeres del llamado tercer mundo que no sólo necesitan un día, realmente habría que darles uno al mes como mínimo.
Y ni aún así. Porque mientras nos siga pareciendo que vemos un documental de otro planeta cada vez que observamos desde el sillón de casa a mujeres lapidadas, vejadas, maltratadas y sin casi ningún derecho humano básico, pues ahí seguirán, proporcionándonos una dosis de horror de cuando en cuando.

Y es que realmente es complicado asimilar que ahora mismo se le esté practicando la ablación del clítoris a una niña, a tan sólo unas horas de avión de nuestra confortable casita. La mente humana confunde tiempo y espacio y resulta más fácil cambiar de tema. O no más fácil pero sí más soportable.

No podemos hacer mucho por estas mujeres víctimas de culturas manipuladas por hombres. Firmar algún manifiesto, ser conscientes de ello y hablarlo, darlo a conocer y condenarlo. Siempre podrá pasar algo positivo en algún momento si circulan los hechos y no se ignoran. Aprovechemos la era de la comunicación para algo útil.

Pero la verdad, es que pensándolo bien, podemos hacer muchísimo más de lo que parece desde nuestro cómodo y estupendo primer mundo. Podemos dejar de quejarnos y creernos que somos libres. Para empezar. Porque lo somos.



Podemos no ser machistas, no atacar a otras mujeres, no hacernos las víctimas, no "usar" la feminidad como arma, no chantajear con el sexo, no creernos mejor que el hombre en ciertos aspectos (niños, cuidado de la casa, organización, sensibilidad, ....) porque lo único que hacemos es seguir alimentando tópicos que ya en el 2013 son demasiado ridículos.

Podemos estar seguras de que somos todos personas, cada uno con su forma particular de ser y de vivir como mejor nos parezca. Individuales, impredecibles y únicos. Con todas las posibilidades que decidamos tener delante.
Podemos criar a nuestros hijos en pareja, en grupo, en familia. Dejando siempre espacio para otras personas, para los hombres que estén dispuestos a querer y a enseñar. Eduquemos niñ@s que hablen de personas que transmiten amor y conocimientos, personas que los protegen. Se llamen mamá, papá, tío, abuela o Alex. No acaparemos su cariño como la devoción ciega que nos mantiene vivas.

Chicas, nuestras abuelas no tenían mucha más vida que el hogar. Parece mentira que ahora que la mujer trabaja en la calle, hace ya años, sigan muchas necesitando tener en exclusiva esa parcela. Aunque sólo sea para quejarse de que no paran ni cuando llegan a casa. Y que si los niños, las relaciones personales...
Muchas leerán esto y pensarán que no va con ellas. Piénsenlo dos veces. ¿Realmente viven el día a día creyéndose su igualdad?
Porque si alguien tiene la culpa de que eso pase en su entorno son ustedes. No hay más. Nadie va a aparecer de repente para decir lo que es injusto y lo que no.
Son mujeres informadas, con estudios, con mucho años de feminismo a sus espaldas, con derechos reconocidos...
Por favor, por todas las mujeres que no pueden cambiar su realidad, cambien la suya. No sean dependientes para lo que les interesa, si tienen pareja que sea para compartir la vida de verdad, críen niñas seguras que no tengan como único objetivo en la vida encontrar un hombre que se la solucione.
Niños y niñas que jueguen con lo que les apetezca sin importar si es rosa, azul, amarillo o verde.

No nos dejemos manipular por toda la mierda que nos rodea, por ese estándar de mujer supuestamente ideal que nos mantiene ocupadísimas intentando estar delgada hasta lo insano, maquillada hasta el ridículo, a la moda según las revistas que ganan dinero a costa de nuestra autoestima, y perfecta, de buen humor, contenta y amorosa pase lo que pase.
Que no, que ya está bien, sé tú, grita, salta, enfádate, ríete, cánsate, comparte, disfruta, apuesta por lo que quieres, por lo que realmente te gusta, y lánzate a por tus objetivos. Quien no te entienda no merece la pena, deja que siga su camino. No veas una enemiga en cada mujer que pasa por al lado. Eres libre, da gracias por ello. Eres afortunada.

Y sólo así, la lucha que aún nos queda será más fácil: cuando creamos en nosotras mismas.


                                                                        Carol




jueves, 21 de febrero de 2013

¿Niño o niña?

Acto primero, escena 1:

(Interior noche/ mesa con bandejitas de canapés/ edad 30y tantos, universitarios, clase más bien altita)
Entre el murmullo de varias conversaciones se oye esto:


-¿Y ustedes qué quieren: niño o niña?

-Pues la verdad es que nos da igual, bueno, yo preferiría niña por aquello de la parejita, ya tenemos al pequeñín. Pero después de ver como son las dos niñas pequeñas que conozco, la verdad es que no sé.

-¿Por?

-...Unas caprichosas insoportables. Tanto la de Y como la de X. Uffff...ni te imaginas. Son odiosas.

-Pero será que las malcrían sus padres. 

-No, que va, ni X ni Y son así. Eso yo creo que es el género, ¿sabes? Estoy segura - dice afirmando con la cabeza mientras se lleva una aceituna a la boca. Rellena de anchoa.


                                                                        * FIN *



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Termina el acto... y mientras los más optimistas aún se preguntan ¿de qué está hablando?¿género?... los realistas, muy a su pesar, saben que se refiere al género femenino.

Los idealistas se deprimen sin remedio ante una afirmación tan absolutamente imposible.


Los pesimistas corroboran con gesto oscuro que el machismo no solo no ha muerto, sino que hay mujeres que lo mantienen joven y lozano.


Un niño dice, 
como no podía ser de otra manera, lo obvio: qué tonta, pero si ella es mujer, ¿no se da cuenta?, qué tonta.

A una niña, no sabe por qué, pero le da miedo.

Un psiquiatra no habla pero se alegra de que con estas opiniones nunca le vaya a faltar trabajo.

Yo al día siguiente todavía no cierro la boca. 
 

      Carol

miércoles, 13 de febrero de 2013

Tú no sabes.

Tú no sabes cuántas veces tengo que contar para vivirla.

Cuántas veces me duele la vista si no te veo y el tacto si no te toco.

No sabes que los días se me hacen horas y lloran las semanas y los meses crecen.

Cuántas veces me consuela lo inmenso de lo pequeño y me avergüenza cansarme y salirme fuera, con la puerta cerrada, sin entender bien las voces que oigo tras los cristales.

Tú no sabes, definitivamente, que el sentido es la risa y que también hay veces que guardo estas palabras en "borrador" para luego, mucho tiempo después, hoy de repente encontrármelas y darme cuenta alegremente que cada vez me hundo menos sin razón.

Que me estás curando el pasado, coloreando el presente y haciendo real un futuro.

Que la tranquilidad me está haciendo crecer al fin. Porque todo es más simple y cada día necesito menos.

El secreto va a ser que parece que usamos los mismos zapatos.
Pues no, son diferentes. Pero parecen iguales...