martes, 7 de marzo de 2017

Una mujer normal



Una niña de 12 años espera en un mercado a que su abuela acabe de comprar cuando ve que se acerca despacio un señor muy mayor de aspecto entrañable. Pensando que necesita ayuda le ladea la cabeza solícita. El viejito le susurra al oído "te comería esas tetitas tan ricas que tienes".

Durante un verano una adolescente trabaja en un negocio familiar. El marido de la hermana de la dueña también trabaja con ellos. Por el horario coincide más con él que con nadie. Ella se ríe con él, lo considera un amigo, como un padre, obvio. A los pocos días él empieza a decir que a ver si un día se toman un café solos, luego cambia el café por una cerveza y al tercer día la invita a tomarse una copa en un pub pero que no se entere nadie. Así "se relajan y charlan más tranquilos"

Ese mismo verano la adolescente espera el autobús para volver a casa cuando se detiene un coche que conduce un cliente muy conocido de la tienda y le dice que si la acerca, que va a la ciudad. La chica sube aliviada de no tener que esperar media hora al sol, cuando siente la mano de él en la entrepierna sin darle tiempo a reaccionar. Perdona, si el viaje me va a costar esto me paras aquí (viéndose ya en medio de la autopista) No mujer, no te molestes, pensé que había confianza. Olvídalo. Te dejo donde me digas. Tranquila, no te pongas así que no es para tanto. Ja, ja, ja.

Una noche, una chica vuelve a casa caminando después del trabajo, reventada, alrededor de las doce, por una avenida amplia y casi se va de boca al suelo después de que un chaval desde una moto a toda velocidad le tocara el culo sin apenas detenerse. Intentando mantener el equilibrio oye a lo lejos las carcajadas de los dos: el que conduce la moto y el que le ha tocado el culo. 

Una chica va por la calle y se cruza con un tipo que le agarra un pecho frente a una terraza llena de gente. Ella lo tira al suelo de un manotazo. Alguien se levanta a ayudarlo. A él.

De repente, una mujer siente a alguien que está detrás de ella, muy, muy cerca, mientras camina por una calle solitaria a las 4 de la tarde, y a la vez que se queda paralizada por el miedo repentino de que la van a atracar, nota una mano entre las piernas por debajo de la falda que entra y sale volando. Cuando se da la vuelta en estado de shock alcanza a ver a un chico corriendo de no más de 14 años. Fue la última vez que salió en minifalda a la calle sola.

Mientras una mujer pasea con su hijo de 11 años por una avenida grande, periférica de mucho tránsito y en un trayecto de no más de 500 metros le gritan, silban e insultan desde camiones, autobuses, taxis y coches particulares hasta el punto de no poder mantener una conversación con el niño.

En un mostrador de una tienda una muchacha atiende a una clienta cuando las manos de su jefe le agarran la cintura para pasar, a la vez que se demoran unos segundos como si de repente el mostrador se hubiera encogido y no cupieran dos personas dentro. Esta escena se repite casi a diario.

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Todas esta mujeres sintieron vergüenza por algo que no era su culpa. Todas pensaron en qué estaban haciendo, qué llevaban puesto, cómo caminaban o de qué forma se habían comportado para "provocar" estas reacciones. 
Lo sé porque yo soy la niña, la adolescente, la muchacha y la mujer. 
Podría seguir escribiendo páginas enteras de episodios más o menos parecidos. Ahora mismo me estoy acordando de más, de hecho de algunos que sería incapaz de contar aquí.

Todas las mujeres, absolutamente todas, pueden llenar hojas y hojas describiendo momentos de acoso y de abuso, cuando no de violación.
Porque esto es crecer siendo mujer. Tal cual. Y repito, aquí describo una minúscula parte.

Y que te llamen puta por tener sexo, frígida por no tenerlo, zorra porque te guste, mandona por dirigir, que te digan despectivamente que es que tienes mucho carácter, muy mal genio, que eres demasiado decidida o independiente, que no paras de hablar, que de todo sabes, que mejor te calles, que tu qué idea vas a tener, que se burlen de tus opiniones, que no te tengan en cuenta, que te miren de reojo cuando conduces, que qué te pasa, ¿tienes la regla?, que en todas las entrevistas de trabajo te pregunten si tienes hijos o los piensas tener, y si los tienes con quien los dejas, y si se enferman qué vas a hacer, que pierdas trabajos por tener hijos, que qué corta vas, ¿no tienes frío? o qué ceñida o qué tapada, ¿no?. Y los chistes machistas... Y los roces en el transporte público, y el que te la enseña en una esquina o el que se toca delante de ti y de tu amiga en la piscina, al otro lado de la valla y no te das cuenta hasta que oyes a la gente riéndose, sí, riéndose. Al tipo nadie le dijo nada y yo no volví a la piscina en todas las vacaciones. Moría de vergüenza. Yo. No el tipo, no la gente que lo vio. Yo. 

A mi me cuestionaron cuando no quería tener hijos y cuando decidí tenerlos también; con 27 me dijeron que era pronto, con 40 que era tarde, ahora que los tengo me critican como los educo. Y no se vale quejarse ni decir que los adoras pero igual no los hubieras tenido, ¡Cómo puedo ser capaz siquiera de pensar tal barbaridad! (con tantas medidas como existen apoyando la maternidad... )

Y se espera de mi todo lo que a un hombre se le valora al extremo, es decir, si yo crío a mis hijos a la vez que trabajo pues es lo que tengo que hacer, qué narices. Si lo hace el padre automáticamente es "papá del año".

Y que por qué no me arreglo que es que soy un desastre, que un poco de maquillaje alegra la cara, que si no me voy a teñir las canas, que si las arrugas, lo que se cae y lo que no, que si otro estilo me favorecería más... y aún así ayer un niñato me hizo sentir asco una vez más. Él venía conversando con un amigo que ni se enteró de lo que pasó. Me cerró un poco el paso al cruzarnos para poder hacer ese ruido tan desagradable y repugnante que resulta de sorber saliva entre dientes mientras me miraba como si mirara a algo, no a alguien. Al sobrepasarme continuó la conversación con su amigo como si nada.

¿Entienden ahora que pasemos miedo en la calle cuando vamos solas? Que a veces no tengamos ganas de discutir cuando oímos que el machismo ya no es para tanto, porque cómo explicas que tantos hombres en tu vida se hayan creído con derecho a violentarte, a tocarte sin más, a discriminarte, a menospreciarte o a abusar de su posición. 
Que todos esos hombres muy a tu pesar hayan condicionado tu manera de ser o mejor dicho de no ser, de vestir, de disimular por lo que pueda pasar.

Y lo más descorazonador, que tanto hombres como mujeres juzguen a diario cada movimiento y cada decisión, porque las mujeres estamos tan envenenadas que demasiadas sobreviven pisando a otras mujeres. No terminamos de unirnos en el respeto a cada una. Tristísimo.

Y ¿saben qué? hasta me alegro de no haber tenido hijas, porque a estas alturas creo que es más fácil criar hombres conscientes de la igualdad entre personas sin importar el género que preparar a mujeres para todo esto. ¿Porque cómo coño se prepara a alguien para esto?

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Soy una mujer normal a la que le ha pasado todo esto y mucho más, una mujer normal, afortunada, blanca, europea, de clase media, con educación... Imaginen lo que ha podido vivir una mujer que no tiene estos "privilegios". Para temblar.

Y ¿conocen a algún hombre que haya visto condicionada su vida por episodios así? ¿se cree alguien la igualdad? ¿de veras?

Bueno, bueno, igual me estoy pasando... ya está bien de ser negativos, qué mal rollo, uffff: relájense, ríanse de un chiste machista ( "Le pregunta la mujer al marido ¿qué harías si yo me muero? -Pues domesticar otra fiera"), comenten aquello tan gracioso de "mujer tenías que ser" y griten al aire que estamos locas, que exageramos y que el problema es que odiamos a los hombres. Malditas feminazis. 

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Desde aquí abrazo a las que han asesinado, violado, pegado, abusado, limitado, vejado, discriminado, a todas las que viven el maltrato, a las víctimas de trata, a las que se ocultan para vivir su vida como eligen. A las que viven con miedo. A las madres que salen adelante como pueden, a las que abortan porque no pueden salir adelante. A las que se sienten una mierda, a las que sueñan sabiendo que nunca llegarán donde quieren, a las que no se gustan aun siendo preciosas. A las que les gusta el azul más que el rosa, a las que les gustan las chicas o los chicos, a las que les gustan las chicas y los chicos. A las que nunca jamás atacarían a otra mujer sólo por ser libre. Y sobretodo a las que no se cansan de luchar cada día para que algún día, ojalá, se nos considere iguales, a todos y a todas. 




lunes, 12 de diciembre de 2016

Razones

                         


En este mundo apresurado lleno de vidas desquiciadas se complica por momentos encontrar razones.

Cuando te pasas el día separando la basura para reciclar, clasificando bolsitas... para luego irte al súper a comprar un paquete de magdalenas que contiene 24 envases individuales de plástico absolutamente indestructible, es tarea casi imposible encontrar razones.

Cuando ves que la ilusión se derrite cada vez más joven.

Las personas pueden ser razones. Qué suerte. Si contáramos las veces que esas razones con patas nos han salvado la vida. Sólo con su presencia. No hacía falta más.

A veces algo intangible que nos una, también es razón de peso. De consuelo, de ilusión.
A mi se me ocurre que las palabras son razones.

Palabras que nos hacen reír, nos suenan bien, nos evocan, nos alegran, nos ponen tiernos...

Cachivache, rimbombante, birlibirloque, carambola, nebulosa, sandalias, mandarina, achuchón, comilona, principio, siempre, carámbano...

Cada uno tiene sus palabras, cada uno tiene sus deseos, sus secretos, sus teclas, su música particular.

Sus razones que a veces van de la mano. Hacen pareja. Como las palabras que hacen parejas magníficas y sugerentes: realismo mágico, te amo, playas desiertas, chocolate caliente, espíritu crítico...

Y tríos fantásticos: tormenta de verano, se admiten mascotas, sexo con amor, comida de mamá...

Sólo pronunciarlas, sólo oírlas alivia el alma. ¿Son o no razones para soportar el absurdo generalizado?

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Aunque no sé para qué escribo todo esto cuando a mi lo que de verdad me haría feliz es cubrirte de palabras que ablanden el dolor.
Darte pequeñas razones todos los días de tu vida y poco a poco hacer una casita de razones brillantes, hermosas, preciosas, calentitas, meternos dentro a tomar té, cocinar rico, ver películas y vivir en paz por siempre jamás.





viernes, 11 de noviembre de 2016

Todo estallará

                                


Mi mundo rebosa y se da de golpes contra las paredes de la sala.
Lo detengo como puedo aliviando peso en lágrimas, intentando copiar la velocidad que mueve a los árboles gigantes que me acompañan a diario delante de mi ventana.

Sedienta de calmantes del tipo que sea van pasando horas y luego días mientras escribo y escribo.


Sabiendo que todo estallará quizás cuando vacíe la luna este mes de noviembre.


Quiero dibujar alivios en mi cabeza y sólo los encuentro entre mis piernas. Pero son de mentira y soledad. A ratos vivo, cuando miro al cielo, y a ratos insisto en buscarme en unos ojitos brillantes y preciosos que traje a este planeta porque en el fondo aún creo.


Y no sé si tú crees.


Cada día me quiero más y entiendo menos. He crecido con secretos que he sabido perdonarme. Quisiera contártelos para ser un poco más feliz, porque cuando uno habla se refleja en otra persona y baja la marea. Y sería bonito que eso pasara. Podrías contarme los tuyos y estaríamos en paz.


Pero a lo mejor tú no quieres hablar ni llorar, ni reírte de nada. A lo mejor tú sólo miras al cielo para vivir y ya. Porque así controlas más tu dicha o tu pesar, quién sabe.

Yo antes controlaba y era infeliz. Ahora lo sé, me costó aprenderlo. Y año tras año iba soltando cuerdas.

Cuando vi que morirse es un semáforo que cambia, un tic, un relámpago, un teléfono que se cae al water, terminé de aceptar el descontrol.


Y tuve que explicarlo sin entenderlo aún.

Hay muertes que se esperan y hay muertes que se te caen encima.
Ponen patas arriba la vida porque es su única forma de hacernos entender que basta, que paremos de pensar y saltemos muy alto hasta que las piernas se rindan. Que nada es para tanto y que, joder, celebremos locamente que estamos vivos para sentir lo que queramos.
Y entonces mi cerebro no controló más porque el corazón decidió que tomaba el mando.

Ahí comenzaron a ser mis ganas las que resbalaran desde algún rincón mientras elegían entre A o B. 

Entre Abrazar o Besar.

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Hoy que escribo esto a la vez que reboto contra las paredes de la sala la verdad es que soy extrañamente feliz y sonrío porque aunque a veces quiera sufrir un poco, lo cierto es que si me caigo me levanto tan rápido como cuando era pequeña.

Y es que nada, absolutamente nada, es para tanto.
Y eso sí es bonito.

sábado, 11 de junio de 2016

La fila


Fue el minuto, el filete, el abrigo, la llave, la gota, el aire, el tráfico, la tarde, la gorra, el amarillo, las uñas, el vaso, la foto, el susurro, la mueca, la página, el número, los ojos, el mueble, la cortina, las botas, el cojín, la mancha, el cielo, las flores, un calcetín, la camisa, dos botones, tu sueño, los míos… todo se fue acumulando en una fila interminable hasta que no se vio el final. Justo en ese momento era cuando más cerca estaba de acabar todo. Cuando se dieron cuenta del desastre uno se durmió y otro escribió esto.



Creo

Yo que me deshago cada día un poco más y no tengo ni la más mínima idea,
creo en la nube que tapa el sol.
En tu sonrisa congelada pegada a mi retina.
En el mensaje que desordena mis preocupaciones.
En la infinita posibilidad de lo imposible.
En una escalera que no hay que subir porque a la mitad  encuentras lo que buscas.
En ir sola al cine.
En huir sin salir de casa.
En las trampas revoltosas que esconden las miradas.
En el tiempo que evapora lágrimas.
En el sueño que espabila la sangre.
En caminar para descansar.
En bañarse a oscuras.
En ventanas como lunares en la noche.
En bailar hasta salpicar felicidad.
En juramentos de saliva y collares de pestañas.
En tus huellas enamoradas de mis pies.
En echarte de menos sin haberte tenido.
Y en el amor que parece sexo para que nunca dejemos de creer.


lunes, 27 de mayo de 2013

Un lunes de mayo





Esperar un mail. Refrescar la página cada cinco minutos. Leer estados de adultos que son propios de niños de 12 años con mentalidad de 6. Ver que las noticias sí pueden ser peores que las de ayer. Volver a sentir la impotencia alimentada por la estanqueidad de las cosas. Saber al ser humano cada día más idiota. Oír de fondo la última película de José Sacristán y María Valverde para soportarlo. Desear que la vida sea una buena y larga conversación. Sentir como, sin avisar, vuelven sensaciones no muy agradables que tenías cuando eras otra persona, hace algunos años. Querer ser como la gente que llena tu muro de tontás y es súpermegafeliz. Notar que todo es un sueño demasiado real, hasta más que los que te agotan por la noche. Desear contar mi vida, la de verdad. Incluso querer saber la vuestra, la de verdad. Dificultar todo cabreándome conmigo porque no me parezco a nadie. Pensar que estoy caminando hacia el agua de la playa en que nací. La playa más bonita del mundo. Escupir alguna frase que nació para ser trascendental y que nadie se dé cuenta. Ensimismarme a gusto. Intentar zafarme de la nostalgia envenenada que moja de golpe los cristales. Caer en la cuenta de que es como si hubiera vivido 100 años. Que a ti no te pase lo mismo. Darme la vuelta como la ropa para poder seguir con un mínimo de dignidad. Ponerme en el lugar de los demás desde que tengo uso de razón, para entender que si no lo hacen también ellos pues no te creas que vale de mucho. Aceptar que el planeta esté sobrepoblado, de bobos mayormente. Comerme una gelatina. Analizar morfológicamente la adolescencia para sobrevivirla con éxito. Saber que estoy completamente loca porque voy a tener otro hijo y soy feliz. Vivir conmigo todos los días y haber llegado hasta aquí. Que me importe poco lo que os pasa y menos lo que pensáis. 
Y ahora ya, segura totalmente de conocerte de otras vidas, soñar con terminar esta dentro de muchos años, sentada a tu lado besándote muy despacio mientras te respiro.


                                                                          Carol

viernes, 10 de mayo de 2013

Yo he abortado.

¿Saben cual es la forma infalible para controlar a una persona?

Controlar su cuerpo.
Decidir lo que se hace con su cuerpo.

Sí, decidirlo tú, y yo, y ellos.
Menos "esa" persona lo decidimos todos.
De paso le condicionamos la vida, se la cambiamos a nuestro antojo. Radicalmente. Que nunca vuelva a ser NADA como es ahora.
¿Que no está preparada?
Pues haberlo estado, se siente.
Y ¿a nosotros qué nos importa? NO es nuestro problema.
Ahora la controlamos, decidimos por ella. Mañana la olvidamos y a otra cosa, mariposa.

Pero a ver, se preguntarán ¿qué diantres hizo esa persona para que le pase esto?
Facilito: ser mujer.
Sí, porque a los hombres nadie les decide su vida.
A ver, para aclarar el tema que estamos tocando, ¿A cuántos hombres conocen que no se han puesto condón alguna vez?
¿Que han dicho "es sólo un momentito y ya, no pasa nada"?
¿A cuántos que en alguna fiesta han tenido un lío y no se acuerdan con detalle o se arrepienten al día siguiente?
Y seguro que conocen a más de uno al que se le ha roto un preservativo...

Podríamos controlarlos pero... ohhhhhhh, no nos valen... no nos sirven para EMBARAZARLOS a todos por decreto ley, hacerlos padres a la fuerza, responsables PARA TODA LA VIDA de esa criatura, contando o no con familia, contando o no con pareja, contando o no con dinero y/o trabajo, que van a ver reducido, cuando no perdido.

Pues no, ohhhhhhh (otra vez), no se puede hacer esto con los hombres, ni tan siquiera con los curas, a los que les encanta controlar el cuerpo de las mujeres desde tiempos inmemoriales. Antaño pasaban del control a la hoguera con pasmosa facilidad. Ahora se cortan un poquito en el tema fuego. Y van de modernitos con internet y las redes sociales: Tuitean "Esta es la juventud del Papa"
Esas niñas y esos niños de papá opinando, sí señor, opinando, si tú o yo, debemos abortar o no.
Como si yo opinara en algún momento sobre los 9 hijos que ell@s quisieran tener. A mi qué más me da si ell@s se puede permitir, no una, dos chachas que se los cuiden y críen. Ole por ell@s y por sus chachas. (Es en serio, que sí, ole)

Estos autodenominados "defensores de la vida" ¿¿?? hablan como si abortar fuera tomarse un aperitivo, como si una desde el momento de tener relaciones sexuales ya pensara en el "maravilloso" momento del retraso, seguido por el susto, el no puedo, y acabado en alguna clínica u hospital acompañada o no. Con apoyo o no. Sintiéndote mal, sola, culpable, aunque no quieras, aunque sepas que tienes la misma culpa que la otra parte participante. Pero qué manía, que no, ya lo hemos dicho: ÉL NO NOS VALE. En ese momento igual está viendo la tele. En el caso más deseable al lado sentado dando ánimos y apretando la mano.

El aborto no es fácil. El aborto es una mierda. Yo he abortado. Muchas de las mujeres que están leyendo esto también lo han hecho. Amigas, madres, hermanas, novias, amantes, hijas de los que están leyendo esto también lo han hecho.
Desde los 15 a los 45 años. Casadas o no. Sin estudios o con carrera. Sin dinero o independientes.
Con hijos o sin ellos. Compartiéndolo o en el más absoluto silencio.
Muchas más de las que piensas, han cometido un error, de fecha, de encuentro, de anticonceptivo, de noche, de compañía, de lo que sea: un error.

Y no es humano que paguen por ello el resto de su vida sin haber planeado nada.
Sin tomar la decisión consciente, feliz y madura de tener un hijo con TODO lo que ello conlleva.

Traer criaturas al mundo porque otros lo deciden, no porque ellas, con pareja o solas, lo quieran con toda su alma.

Pero a lo que vamos, abortar es una mierda, sobretodo cuando un médico se te planta delante y te habla como si tuvieras diez años y se permite el lujo de juzgarte y cuestionar tus argumentos para optar a la interrupción del embarazo. Y te pregunta hasta la saciedad detalles de tu vida privada sin ahorrarse las miradas de aprobación o más bien todo lo contrario.
Como en el colegio.
Y te tienes que callar y poner cara de idiota porque de el informe de ese energúmeno depende que seas apta para un IVE (Interrupción voluntaria del embarazo) gratuito y en condiciones sanitarias óptimas.

Esto ocurrió con la ley de supuestos, acogiéndose al riesgo de la salud física o mental de la madre. Con la ley de plazos al menos el mal trago se alivia un poco no teniendo que dar explicaciones.
Porque mi vida es mía, mi cuerpo es mío y tener un hijo es una decisión demasiado grande y trascendental como para tomarla a la ligera y dejarla en manos de extraños que nada tienen que ver conmigo y no van a estar ahí cuando necesite algo.

Porque ya está bien de callarse, porque yo no me meto en la vida de nadie y no quiero que se metan en la mía. Porque no hay derecho a que en este momento haya mujeres asustadas, aterrorizadas en países donde aún abortar es delito, aunque la vida de la madre esté en juego ¡¡!!, pero se termina haciendo igual ya que la desesperación todo lo puede. Sólo que peligrando sus vidas en condiciones sanitarias escasas o nulas.

En fin, mujeres, son adultas con voz y voto, con opinión, con criterio propio, no se callen si han abortado, no tienen por qué y ayudarán a otras. Cuenten si conocen a otras mujeres que han tenido que abortar, compartan experiencias. No lo omitamos, no lo escondamos. Que no parezca que no lo hace nadie.

Yo lo hice en un momento de mi vida y no me arrepiento porque era la única decisión posible para mi en ese momento.
Como tampoco me arrepiento de haber tenido a mi hijo, al que estoy viendo ahora mismo desde la mesa donde escribo mientras se me cae la baba.
Ah, por cierto, ahora mismo estoy embarazada, inmensamente emabarazada y feliz. Consciente, preparada, disfrutando, compartiéndolo todo con mi pareja, llenita de ilusión y rodeada de montones de cariño.
Justo como creo que deberían de ser todos los embarazos: deseados y sin miedos.


*Añado que me parece terrorífico la cantidad de países en el mundo que no permiten el aborto en caso de malformación del feto o violación, aún permitiéndolo en otros supuestos. Terrorífico.


Situación jurídica del aborto en distintos países del mundo.
     No punible si la interrupción del embarazo se realiza antes de un plazo establecido.      No punible en casos de riesgo para la madre, violación, defectos en el feto o factores socioeconómicos.      No punible en casos de riesgo para la madre, violación o defectos en el feto.      No punible en casos de riesgo para la madre o violación.      No punible en casos de riesgo para la madre.      Punible sin excepciones.      Varía por región.      No hay información. Nota: En la mayoría de los países y supuestos citados, la intervención ha de efectuarse antes de plazos establecidos.